Las Enseñanzas originales
de Jesús el Cristo

Jesus Christ

Las Enseñanzas originales de Jesús el Cristo:


Dios Padre

Su Evolución y nosotros

Proceso de la creación. Multidimensionalidad del espacio

Espíritu Santo

Cielo físico y los Cielos

Infierno y paraíso

Arrepentimiento

Jesús el Cristo

Jesús sobre Sí Mismo

Expansión del cristianismo

Libre albedrío

Destino

Autoperfeccionamiento intelectual

Sobre el alcoholismo

¿Trabajo o parasitismo?

Personas

Patriotismo

Qué es el hombre

Liberación de las enfermedades

Moral y Ética

Amor a Dios

No roben, no mientan, ayuden a los demás

Amor

Amor y sexo

Matrimonio y divorcio

Nudismo

Varón y mujer en el Camino espiritual

«Minorías»

Compasión

Lucha contra el «yo» inferior

Monacato

Trabajo meditativo


Libro impreso


El capitulo del libro “Las Enseñanzas originales de Jesús el Cristo”
por Dr.Vladimir Antonov

Monacato

En el transcurso de muchas encarnaciones terrenales, nos preparamos para entrar en la última fase de la evolución personal. Esta fase es el verdadero monacato. Enfatizo que sólo el monacato entendido de esa manera es realmente verdadero, porque muchas personas sólo juegan a ser «monjes» sin haber entendido lo que es Dios.

Antes de esta etapa, las reglas generales de vida para cada uno eran las siguientes:

1. Desarrollar el intelecto (como una de las funciones de la conciencia, como un «aparato» del pensamiento: de memorización, análisis, síntesis, creatividad), acumular conocimiento sobre lo principal: sobre Dios, sobre el hombre, sobre la evolución. (El conocimiento concreto acumulado durante la vida terrenal normalmente no se preserva de una encarnación a otra; sin embargo, las estructuras de la conciencia, desarrolladas a través de su funcionamiento correcto, pasan a cada nueva vida, así como las cualidades obtenidas, tales como el vigor, ciertas facultades intelectuales, ciertas inclinaciones éticas, etc.).

2. Perfeccionarse éticamente tomando como punto de referencia las recomendaciones de Dios acerca de cómo debemos ser según Él.

3. Desarrollar correctamente la propia esfera emocional y cultivar dentro de uno mismo el amor a Dios, el cual, un día u otro, deberá convertirse en un enamoramiento apasionado de Él.

4. Cultivar la sutileza emocional, no permitir que la conciencia se haga grosera.

Es natural que en las etapas tempranas de nuestra evolución personal no busquemos el conocimiento del nivel superior, ni nos enamoremos de Dios, sino de las personas y de las cosas, ni tratemos de alcanzar el Reino Celestial, sino una cima montañosa, un diploma universitario, un grado académico, etc. Esto es bueno, normal. Todo esto es el entrenamiento antes del Escalamiento principal. Y este Escalamiento será apropiado sólo cuando estemos preparados según todos los parámetros mencionados anteriormente.

Sólo entonces, no antes, uno puede empezar a apartar su atención de lo terrenal y dirigirla al nuevo y último Amado, al Rey de todo. Como resultado, el buscador llega finalmente a la Cámara Nupcial (El Evangelio de Felipe, 67,125,127), en la cual, desde aquel momento, tienen lugar los encuentros amorosos con el Amado, encuentros cada vez más saturados de éxtasis y armonía. Éstos culminan en el traslado completo del buscador a la Morada del Amado y en la Unión con Él.

Esta etapa de la ardiente pasión amorosa por Él es el verdadero monacato.

Monje es una palabra de origen griego. Se usa para designar a la persona que ha llegado al estado de soledad con respecto a todo lo terrenal, es decir, al estado en el que no se identifica más con lo terrenal, incluyendo su propio cuerpo, y está vuelto con la «cara de la conciencia» hacia el Amado. El monje Lo extraña cuando algo en la Tierra lo distrae de la comunicación con Él. El monje arde de pasión por cada nuevo encuentro. El monje está avergonzado de sus propias imperfecciones durante los encuentros amorosos en Su Morada. El monje anhela llegar a ser mejor, y el Señor le explica cómo hacerlo. El «Reino», donde el monje vive ahora, realmente «no es de este mundo» (Juan 8:23; 18:36). Sin embargo, su conducta en las relaciones con el resto de las personas sigue siendo adecuada.

* * *

«¡Entren por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ésta! ¡Porque angosta es la puerta y estrecho el Camino que lleva a la (Verdadera) Vida, y pocos son los que la encuentran!» (Mateo 7:13-14)

«(…) Quiero que ustedes estén sin preocupaciones (terrenales). El soltero se preocupa por las cosas del Señor, cómo agradarle a Él. En cambio, el casado se preocupa por las cosas del mundo, cómo agradar a su esposa. Hay diferencia entre la casada y la soltera. La soltera se preocupa por las cosas del Señor, para ser santa tanto en el cuerpo como en el espíritu, mientras que la casada se preocupa por las cosas del mundo, cómo agradar a su marido» (1 Corintios 7:32-34).

«Quien ha conocido (en verdad) el mundo ha descubierto (que éste es) un cadáver, y quien ha descubierto (que es) un cadáver, de esa persona el mundo no es digno» (El Evangelio de Tomás, 56).

«Quien ha encontrado el apaciguamiento habiéndose hecho rico, ¡que renuncie al mundo!» (El Evangelio de Tomás, 110)

«¡Busquen el Reino de Dios y Su justicia primero, y todas estas cosas les serán añadidas!» (Mateo 6:33)

«¡La Cámara Nupcial nos invitó a entrar!» (El Evangelio de Felipe, 125)

«Mientras estemos en este mundo, debemos obtener la Resurrección para que, una vez que depongamos la carne, nos hallemos en la Tranquilidad y no vaguemos afuera» (El Evangelio de Felipe, 63).

«Quien ha salido del mundo, ya no puede ser atrapado (por éste), como aquel que (todavía) permanece en el mundo. Esta persona se encuentra por encima del deseo y del miedo» (El Evangelio de Felipe, 61).

«Quienes afirman que primero morirán y luego resucitarán están en un error. Si ellos no reciben primero la Resurrección estando todavía encarnados, no recibirán nada dejando sus cuerpos» (El Evangelio de Felipe, 90).

«¡(Pero) sólo aquellos que han conocido su Esencia se deleitarán en verdad!» (El Evangelio de Felipe, 105)

«¡Los Hijos de la Cámara Nupcial tienen el mismo Nombre!» (El Evangelio de Felipe, 87)

 

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Véase también:


El Evangelio
de Felipe

¡Bienaventurados los
de limpio corazón!

Práctica del Hesicasmo Moderno

Revelaciones

La Revelación Verdadera del Apóstol Juan,
el Evangelista


Jesús Cristo
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