|
El capitulo del libro “La Enseñanza Original de Jesús Cristo” por Dr.Vladimir Antonov
Monasticismo
En el curso de muchas encarnaciones terrenales nos preparamos para entrar en la última fase de la evolución personal, que es el verdadero monasticismo. Enfatizo, realmente verdadero, porque muchas personas sólo juegan “a monjes” sin haber entendido lo que es Dios.
Antes de esta etapa las reglas generales de vida para todos eran las siguientes:
1. Desarrollar el intelecto, como una de las funciones de la conciencia, como el “instrumento” del pensamiento: de memorización, análisis, síntesis y creatividad; acumular conocimiento sobre lo principal: sobre Dios, el hombre y la evolución. (El conocimiento concreto acumulado durante la vida terrenal normalmente no es retenido de encarnación a encarnación; son las estructuras de la conciencia, desarrolladas a través de su funcionamiento correcto, las que son traspasadas a cada nueva vida, y también las cualidades obtenidas como el vigor, ciertas habilidades intelectuales, ciertas inclinaciones éticas, etc.).
2. Perfeccionarse a sí mismo, orientándose éticamente a lo que Dios quiere que nosotros seamos.
3. Desarrollar correctamente la propia esfera emocional y hacer crecer en sí mismo el Amor a Dios, el cual en algún punto tiene que convertirse en una pasión por Él.
4. Aspirar a la sutileza emocional, no admitir una conciencia burda.
Es natural que en las etapas tempranas de la evolución personal no nos esforcemos por el conocimiento de los niveles más altos; nos enamoremos no de Dios, sino de las personas y las cosas; nos esforcemos por alcanzar no el Reino Celestial, sino a una cima montañosa, un diploma universitario o un grado de Doctorado, etc. Esto es bueno, es normal. Todo esto es un entrenamiento antes del Escalamiento principal. Y este Escalamiento será apropiado solamente cuando estemos listos en todos los parámetros anteriormente mencionados.
Sólo entonces, no antes, empieza la redistribución final (cambio), de la atención de lo “terrenal” a lo nuevo, lo último; de los amados terrenales, al principal Amado: al Rey de todo. Como resultado, el buscador entra en la Cámara Nupcial (El Evangelio de Felipe, 67, 125, 127), donde se encuentra al Amado, finalmente se establece en Su Morada y se une con Él.
Precisamente esta etapa de ardor por Él es el verdadero monasticismo.
Monje es una palabra de origen griego. Se usa para designar al hombre que ha llegado al estado de soledad con respecto a todo lo “terrenal”, es decir, al estado cuando él no se identifica a sí mismo con lo “terrenal”, incluyendo su propio cuerpo; y está vuelto con la “cara” de la conciencia hacia el Amado. El monje lo extraña, cuando algo en la Tierra lo distrae de la comunicación con Él. Él se quema con la pasión por cada nueva reunión. El monje está avergonzado de sus propias imperfecciones durante las reuniones amorosas en Su Morada. Se esfuerza por ser mejor, y el Señor le explica cómo hacerlo. El “Reino”, donde el monje vive ahora, realmente “no es de este mundo” (Juan 8:23; 18:36). Sin embargo, la conducta del monje en las relaciones con el resto de las personas sigue siendo la adecuada.
* * *
“Entren por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y ancho es el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque angosta es la puerta y estrecho es el camino que lleva a la (Verdadera) Vida, y pocos son los que la encuentran” (Mateo 7:13-14).
“…Deseo que ustedes estén sin preocupaciones (terrenales). El soltero se preocupa por las cosas del Señor, cómo agradar al Señor. Pero el casado se preocupa por las cosas del mundo, cómo agradar a su esposa. Hay diferencia entre la casada y la soltera. La mujer soltera se preocupa por las cosas del Señor, para ser santa tanto en el cuerpo como en el espíritu, mientras la casada se preocupa por las cosas del mundo, cómo agradar a su marido” (1 Corintios 7:32-34).
“El que haya llegado a conocer (de verdad) al mundo, ha descubierto (que éste es) un cadáver, y el que haya descubierto (que es) un cadáver, de esa persona el mundo no es digno” (El Evangelio de Tomás, 56).
“Quien haya encontrado el mundo y se haya hecho rico, ¡que renuncie al mundo!” (El Evangelio de Tomás, 110).
“Buscad el Reino de Dios y Su justicia primero; y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).
“La Cámara Nupcial nos invitó a entrar” (El Evangelio de Felipe, 125).
Mientras estamos en este mundo es conveniente que nos esforcemos por conseguir la resurrección para que —una vez que depongamos la carne— nos hallemos en el Descanso y no tengamos que ir errando en el “intermedio” (El Evangelio de Felipe, 63).
“Él que ha salido del mundo, ya no puede ser detenido (por él), como aquel que todavía está en el mundo. (Pues) él está por encima del deseo y del miedo” (El Evangelio de Felipe, 61).
“Los que afirman que se morirán primero y luego resucitarán (en el Reino Celestial) están en un error. Si ellos no reciben primero la resurrección, mientras ellos viven (en la Tierra), cuando ellos mueran no recibirán nada” (El Evangelio de Felipe, 90).
“Aquellos que han llegado a conocerse a sí mismos disfrutarán esto” (El Evangelio de Felipe, 105).
“Los Hijos de la Cámara Nupcial tienen simplemente un Nombre” (El Evangelio de Felipe, 87).
|